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martes, 27 de enero de 2009

La gallina y los patitos

¿Te agradan los zoológico? De cada animal hemos extraído alguna lección aplicable a nuestra vida. Y ahora nos toca observar a aquella gallina, debajo de la cual se habían colocado varios huevos de pato para que los empollara. A su debido tiempo nacieron los patitos, y comenzaron a dar sus paseos acompañados de la gallina.

La gallina madre no se explicaba por qué sus polluelos eran tan diferentesde ella.
Y ocurrió que cierto día llegaron a las cercanías de un estanque, y los patitos, instintivamente, se fueron en línea recta hacia el agua. La pobre gallina, creyendo que estaban en peligro de ahogarse, hacía desesperados intentos para llamarlos y salvarlos, pero sin resultado. No importaba que se los hubiese criado en tierra seca, nadie pudo borrar de aquellos patitos su natural inclinación hacia el agua, porque era parte de sus propios instintos.

¿No llevamos los seres humanos, también por instinto, a Dios en el alma?
Negar su existencia equivaldría a desnaturalizarnos. Sería resistirnos a aceptar algo que de todos modos se impone en el corazón. El rey David declaró que Dios estaba “impuesto” en todos sus caminos, y que no importaba adonde fuera, allí advertía la presencia divina.

Cierto filósofo francés afirmaba que los hombres creen en Dios solo porque se les inculca esta creencia desde niños. Y para demostrar su pensamiento, llevó a un niño a su finca para educarlo con la orden expresa de que nadie le hablara de Dios. Pero al poco tiempo de iniciada su educación atea, el filósofo encontró al niño cierta mañana mirando fijamente hacia el sol naciente, y diciendo estas palabras: “¡Cuán hermoso eres, oh sol” ¡Cuánto más grande y hermoso debe ser el que te hizo! Yo no lo conozco; pero si tu lo ves, llévale un beso de mi parte”.

Sí, la convicción de la existencia de Dios forma parte de nuestra naturaleza. Es un instinto humano, como lo reveló el niño de este experimento; o como lo ilustraron los patitos de la historia. Por instinto, la gallina permaneció en tierra seca, y por igual razón los patitos se vieron atraídos por el agua.
¿Nos dice nuestro corazón que Dios existe, que El es todopoderoso, y que podemos confiar en su conducción de amor?

Mientras el sol mantenga su brillo; mientras la tierra siga girando sobre sueje; mientras las nubes del cielo nos regalen su lluvia; mientras tengamos aire para llenar nuestros pulmones; mientras nuestro corazón siga latiendo… Mientras ocurra todo esto, podremos saber que Dios existe, y que “en él vivimos, y nos movemos, y somos” (Hechos 17:28) Además, cada expresión sincera de afecto humano no es otra cosa que un reflejo del amor divino, instalado en nuestros corazones.

Es señal de cordura espiritual confiar en Dios y rogarle que El dirija nuestra vida. Si el rige sabiamente sobre el universo infinito, ¿cómo no habría de regir tiernamente nuestro ser individual?

miércoles, 14 de enero de 2009

Excelencia en la Conversación con Dios.


Todos podemos hablar con Dios. Pero la pregunta es: Lo hacemos? ¿Con qué frecuencia? ¿En qué momentos?

Jack Hayford, un hombre de Dios dijo: Un mundo dice: Esperar cuando no hay esperanza, es una prueba de necedad.

Otro mundo responde: Lo necio del mundo, es más sabio que los hombres.

La sociedad suplica: ¿Hay salida para mi?

Negocios naufragados en las rocas de los reveses financieros.

Matrimonios cuyo amor se ha escurrido y la sociedad afirma que el divorcio es la respuesta.

Informes médicos que en silencio gritan: Cáncer.

Niños que estallan en pautas de conducta que no se pueden predecir.

Facturas amontonándose sobre un libro de cheques exánime (sin señales de vida).

Empleos que desaparecen y la condición de sin trabajo conduce al obrero a un callejón sin salida.

Esperanzas a largo plazo que se desvanecen.

Dolor continuo de un problema físico que no tiene alivio.

En estos puntos la fe se empaña, pero no hay otra cosa que hacer, que conversar con Dios. Es decirle a él con una actitud sincera que no lo podemos hacer, que Jesucristo es el autor de la vida y el único camino a Dios.

Mateo 11: 28: Venid a mi todos los que estáis trabajados y cargados y yo os haré descansar.

Así como el Creador le da a su criatura la capacidad de tener sed, es porque existe el agua para satisfacer esa necesidad, y como cuando él crea al hombre hay alimento para corresponder a ese apetito, así mismo él inclina a los hombres a orar o a conversar con El, es porque en la oración hay una correspondiente bendición para ellos.

Excelencia en la conversación con Dios. Quizás has dicho, yo le hablo a Dios y él no me responde. ¿Estarás haciéndolo en la forma correcta?.

Hay condiciones para llegar a la excelencia en la conversación con Dios. 2 Crón. 7:14. Si se humillare mi pueblo, cobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra,

Humillarse: bajar, inclinar una parte del cuerpo como la cabeza o rodilla, en señal de acatamiento. Abatir el orgullo y altivez, hacer actos de humildad (sumisión, rendimiento).
Orar. Hablar con Dios. Rogar, pedir, suplicar.
Buscar Su rostro. Implica siempre, y mientras pueda ser hallado. Sal. 105:4: Buscad a Dios y su poder, Buscad siempre su rostro. Isaías 55:6: Buscad a Dios mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cerca.
onvertirse de los malos caminos. Is. 55:7: Deje el impío su camino y el hombre inicuo sus pensamientos y vuélvase a Dios, el cual tendrá de él misericordia y al Dios nuestro el cual será amplio en perdonar. Joel 2: 12,13: Por eso ahora dice Dios: convertios a mí con todo vuestro corazón. Hch. 26:18: para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz y de la potestad de Satanás a Dios para que reciban por la fe que es en Jesucristo, perdón de pecados y herencia entre los santificados. Saulo el cruel perseguidor se convirtió en Pablo el hermano de tierno corazón. Hch. 9: 1; 21:13. La mujer samaritana, de reputación deshonrosa, se convierte en testigo de la verdad. Juan 4 :17, 18,29.
Cuatro condiciones para llegar a la excelencia en la conversación con Dios: Humillarse, orar, buscar el rostro de Dios y convertirse de los malos caminos.

¿Cómo saber que estamos en la excelencia en la conversación con Dios?

1. Dios oirá desde los cielos.
2. Perdonará nuestros pecados.
3. Sanará nuestra tierra.

Si tomamos en cuenta las cuatro condiciones y las ponemos en práctica, porque son exigidas por Dios, entonces veremos la excelencia y nuestras vidas encontrarán paz en medio de la tormenta, sabiduría cuando nos hace falta, salud y vigor él promete dar a nuestros huesos, guía para las decisiones de la vida, comprensión familiar, y satisfacción en lo que hagamos, pues todo lo haremos como para El y no para los hombres.

Dios te bendiga,

Su hermana y amiga,

Alva Vargas de Contreras.

domingo, 14 de diciembre de 2008

Sumisos a Jesucristo

(Jesús vio a) Leví, sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme.
Y dejándolo todo, se levantó y le siguió.
Lucas 5:27.

Dios… manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan.
Hechos 17:30.

Sumisos a Jesucristo

¿Cuál era, pues, esa autoridad de Jesús para que Leví (ciudadano importante que se ganaba bien la vida) dejara su banco, su trabajo y todo lo que representaba su fuente de ingresos, para seguirle? ¿Por qué obedeció inmediatamente a su llamado? A nadie le gusta recibir órdenes. Cada uno está dispuesto a defender su independencia. Jesús llamó a Leví, como a cada uno de sus discípulos. También nos invita a entregarle la dirección de nuestra vida y a reconocerle como Señor.

¿Tiene el derecho a dar órdenes? ¡Sí, por supuesto! Primero, por ser el Hijo de Dios, Jesús nos llama. Escogió a sus discípulos porque era el Mesías enviado por Dios para salvar al mundo. Segundo porque fue un hombre excepcional, con una vida perfecta. Como tal tiene una autoridad moral que debe imponerse a todos.

¿Tenemos derecho a rechazar su autoridad? Sí, pero tomando esta decisión, no seremos verdaderamente libres debido a que rechazamos la autoridad que viene de Dios. Esta autoridad es indispensable para que la vida pueda desarrollarse armoniosamente. Desentendernos de ello es avanzar en el desorden en el cual domina el mal y donde, por ese hecho, no hay más libertad.

El llamado de Jesús siempre está acompañado de gracia y benevolencia. Es la autoridad del amor de aquel que nos amó y sufrió por nosotros.

El devocional diario, es editado por: "La Buena Semilla" 1166 Perroy (Suiza) © Copyright: Todos los derechos reservados. El texto enviado hoy es del día correspondiente al año pasado. El texto del día de hoy puede leerse en nuestra página: LaBuenaSemilla.net

sábado, 13 de diciembre de 2008

Dios cumple sus promesas

La vida de José, uno de los doce hijos de Jacob, empezó con una magnífica promesa. En su juventud, Dios le había revelado que un día alcanzaría una alta posición social. ¿Qué ocurrió después? Al principio, lo opuesto de lo que Dios había prometido. Sus hermanos, celosos de él, lo vendieron como esclavo a Egipto. Allá, por ser fiel a Dios, fue acusado y encarcelado mediante un falso testimonio.

¿Cómo reaccionó José ante esa situación? ¿Se lamentó por su suerte? ¿Se habrá dicho: Todo va mal, nunca se cumplirá la promesa de Dios? No, José siguió confiando en Dios y esforzándose por hacer el bien a los que estaban a su alrededor, incluso en la prisión. Durante este período difícil, Dios estaba con él: “le extendió su misericordia, y le dio gracia en los ojos del jefe de la cárcel” (Génesis 39:21). Luego, un día José fue liberado y escogido por el Faraón como «primer ministro». En ese lugar pudo seguir haciendo el bien, pero a mayor escala. Salvó del hambre a multitudes, e igualmente a su padre y a sus hermanos. Después, Dios se sirvió de José para que sus hermanos reconocieran todo el mal que le habían hecho, siendo así liberados de su culpabilidad.
En su Palabra el Señor nos da promesas. Algunas, como el perdón de nuestros pecados, se cumplen inmediatamente cuando creemos en Jesús.

Pero también puede ocurrir que seamos probados, por ejemplo cuando Dios no parece escuchar nuestras oraciones. Entonces, como José, confiemos en Dios. Tarde o temprano Él cumplirá sus promesas.

José… fue vendido por siervo. Salmo 105:17

Dios estaba con él, y le libró de todas sus tribulaciones. Hechos 7:9-10

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)